El Blog

Calendario

<<   Abril 2018    
LMMiJVSD
            1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30       

Archivos

Sindicación

Enlaces

Alojado en
ZoomBlog

Opiniones (Comentaristas)

Pedro J erraba completamente su análisis

Por Narrador - 3 de Julio, 2006, 6:38, Categoría: Opiniones (Comentaristas)

“La hora de la política” por Pedro J Ramírez

  

Menuda pareja de despistados. Llevaban varias horas aplaudiéndoles y seguían sin darse cuenta de que eran ellos los que habían metido el gol. El primer cambio de impresiones entre Aznar y Mayor Oreja tras el anuncio de la tregua de ETA parecía un diálogo entre Don Cicuta y Don Vinagre, con el Atlántico por medio. El ministro ya había dicho que era una «gran trampa» y un «espejismo», y el presidente le tachaba por fax las contadas palabras de optimismo incluidas en un proyecto de declaración.

Entre tanto la buena noticia corría de boca en boca, muchos ciudadanos vascos suspiraban con alivio y cada uno lo celebraba a su manera. Hasta el Marca que mostró su sensibilidad al reaccionar con un brillante «Hoy ganamos todos» como portada-cartel de la jornada futbolística europea. Tuvo que amanecer en Lima para que el presidente se diera cuenta -por primera vez Piqué ejerció a su lado una influencia muy positiva en una encrucijada clave- de que la sociedad les estaba dejando atrás y sobre todo de que corrían el riesgo de permitir que el PNV capitalizara poco menos que en solitario lo que en realidad es un éxito de la política antiterrorista del Gobierno.

Sin la liberación de Ortega Lara, sin los desmantelamientos de comandos en España y Francia, sin el acoso diplomático en México, Bélgica o donde haga falta, sin el firme respaldo a resoluciones judiciales como el encarcelamiento de la mesa de HB o el discutible cierre de Egin, sin las movilizaciones populares tras los asesinatos de Miguel Angel Blanco y sus compañeros, sin la capacidad de encaje exhibida por el PP después de cada atentado, ETA no se habría visto empujada a cambiar las pistolas por la política.

De hecho queda amplia constancia hemerográfica de que, al menos en media docena de ocasiones desde que es presidente del Gobierno, Aznar ha hablado de «generosidad» hacia quienes abandonen las armas y de «final dialogado de ETA». Volviendo su reflexión por pasiva puede decirse que la última vez que lo hizo fue cuando se quejó amargamente ante Tony Blair de que ETA respondía con amenazas de aniquilamiento a su actitud de mano tendida. Por otra parte, la indiscreción de un colaborador del líder de la organización pacifista Gernika Gogoratuz permitió hace meses conocer la rotunda disposición de Mayor Oreja a emprender un camino como el que ahora se abre. El propio Juan Gutiérrez, con su idealismo de «clochard» y su amplia experiencia como estudioso del conflicto vasco, me dijo una vez que el ministro empuñaba con una mano un martillo de guerra, mientras se guardaba en la otra una paloma de paz.

Lo que ocurre es que Aznar y Mayor siempre creyeron que ellos podrían controlar la dosis y el momento de la catarsis. Eso sí que era un «espejismo» porque el palo y la zanahoria no podían ser suministrados por el mismo brazo. Por eso ni el diálogo de Argel, ni las famosas «tomas de temperatura» de la etapa anterior cuajaron nunca en nada. Faltaba el intermediario, el compañero de viaje o si se quiere el «policía bueno» que -con sinceridad o impostura- hiciera frente común ante el «policía malo». Nadie podrá negar ahora a Xabier Arzalluz el enorme mérito, trenzado de audacia y paciencia, de haber convencido a ETA de que archivara su eterna obsesión de establecer una negociación directa con el Estado, o mejor aún con sus poderes fácticos. Es verdad que el frente nacionalista que empieza a perfilarse engendrará nuevos problemas y desafíos, pero nunca equiparables -al menos desde una perspectiva humanista- con el desgarramiento del terrorismo.

Hay que reconocer que el atolondramiento gubernamental de los primeros momentos fue compensado con creces el jueves con dos reacciones políticas de altura. Tanto la convocatoria urgente de la cúpula del PSOE a la sede de Interior, como la declaración de Aznar en Lima, prometiendo flexibilidad ante «los nuevos horizontes que de buena fe puedan abrirse», demuestran que son ya plenamente conscientes de lo que de repente se ha puesto en juego. Si se materializara esta posibilidad de poner fin a 30 años de derramamiento de sangre sin que ello implique desviar en nada esencial la voluntad democrática del conjunto de los españoles, este país estaría recibiendo de su clase política el más formidable e inesperado regalo para culminar su transición e iniciar sin lastre alguno el siglo XXI.

De ahí que sea preferible avanzar despacio para no dar pasos en falso y que resulte imprescindible actuar concertadamente con las demás fuerzas políticas y repartir juego para que cada una cumpla su papel. Ni que decir tiene que sin el PSOE nada será posible. Por eso resulta tan alentador que en las últimas horas estemos viendo al mejor Joaquín Almunia desde que llegó a Secretario General y que por fin todas las miradas se desplacen hacia un escenario de futuro en el que Borrell pueda dar sin trabas su medida política. Confiemos en que, pese a su enfurruñado artículo de antes del verano, González no aplique también a este supuesto la ecuación de que si no lo consiguió él, tampoco debe conseguirlo nadie.

Si examinamos el bando de los firmantes del documento de Estella, junto al obvio liderazgo de un PNV cuyos errores y aciertos tendrán efectos decisivos, en con tramos dos posiciones minoritarias, pero extraordinariamente valiosas por su condición de pivotes. Me refiero por una parte a la Eusko Alkartasuna de Carlos Garaikoetxea que si corre el riesgo de perder espacio electoral por sus dos flancos, es precisamente porque tanto el PNV como HB-EH están acercándose a una postura de la que él nunca se ha movido. Y, por la otra, a la vilipendiada Izquierda Unida que a la postre ha tenido la visión y habilidad de convertirse en el único puente con asiento real en las dos orillas -otra vez la metáfora favorita de Anguita- de la nueva situación que se perfila.

Con la combinación de todos estos elementos Aznar tiene ante sí un gigantesco desafío. Tras el obligado paréntesis de la campaña vasca, la etapa de la solidez y la firmeza dejará paso a la del ajuste fino. El presidente tendrá que empezar por arrinconar algunos de sus más arraigados prejuicios, pero es probable que lo consiga. Su proverbial frialdad puede ser un magnífico atributo para la ocasión. El ya ha declarado que si ese es el precio de la paz, está dispuesto a tener que cruzarse un día por la calle con quienes intentaron asesinarle. Precisamente la expectativa que va a abrirse entre los presos etarras -poco menos que olvidados en la larga declaración de sus jefes- será una de sus mejores bazas. En las cárceles calará enseguida la sensación de que es ahora o nunca y quienes vean a su alcance la puerta de la calle, difícilmente consentirán que ni los jarraitxus ni sus mayores frustren la ocasión. No era sabio ni nada Pasqual Maragall cuando el domingo le decía a Ana Romero que «todo» -y ahí incluía lo de Barrionuevo y Vera- empezaría a arreglarse cuando «salieran los gatitos»... ¿Los «gatitos» al completo?, ¿incluidos aquellos que aún guardan girones de carne fresca entre las uñas? Tiempo al tiempo, fijémonos en Stormont.

Nadie puede adivinar cómo terminará esto. Pero sí debemos celebrar cómo empieza. Cada día sin muertos es un triunfo de la civilización sobre la barbarie y hay quienes pueden atribuirselo con más merecimiento que otros. Está claro que habrá que tirar a la papelera todos los guiones preparados para la campaña electoral vasca, puesto que lo que se perfilaba como ajuste de cuentas por lo sucedido en el pasado inmediato se va a convertir más bien en examen de propuestas de futuro. Pero eso no significa que los nombres de Miguel Angel Blanco, Gregorio Ordóñez, Fernando Múgica o los mandos de la Ertzantza asesinados vayan a dejar de estar presentes, sino todo lo contrario. Que los partidarios de ETA hayan tenido que camuflarse bajo un nuevo nombre y que la propia organización terrorista se haya visto obligada a declarar el único alto el fuego indefinido de su historia es, en realidad, la primera prueba tangible de que su sacrificio no ha sido estéril.

   

Publicado en EL MUNDO el domingo 20 de septiembre de 1998. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Opiniones (20 de septiembre de 1998)

Por Narrador - 3 de Julio, 2006, 4:50, Categoría: Opiniones (Comentaristas)

Cinco artículos de opinión les hemos señalado de cuantos se publicaban aquel 20 de Septiembre, primer domingo tras la declaración de la ’Tregua-Trampa’. Hay de todo, pero me llama la atención como LA VANGUARDIA, ahora entusiasta defensora de las reformas estatutarias, y por ende constitucionales, afirmaba que los marcos de convivencia no se pueden modificar cada 20 años… Haro Tecglen anclado (¿Cómo no?) en la Guerra Civil y alguna cuestión que les dejamos a su discernimiento.

“Una jugada maestra” por Santos Juliá

   

"Estamos ante un ciclo que termina y otro que empieza", decía el lehendakari Ardanza hace unas semanas para que nadie se escandalizara por haber calificado de obsoleta y anquilosada a la Constitución. El tiempo pasa rápido y aunque en la canción veinte años no sean nada, en la historia constitucional española desde la muerte de Fernando VII pueden serlo todo. Demasiado ha durado ya la Constitución de 1978: liberados de los miedos del pasado, Ardanza invita a los vascos a mirar con arrojo el futuro y a desprenderse de ese traje raquítico y anticuado a que ha quedado reducida la Constitución después de veinte años.

Si, en lugar de ir directos al punto 7 de la declaración anexa, se lee todo su largo comunicado, se verá que ETA no dice hoy otra cosa: como el lehendakari, también ETA afirma que se abre una "nueva fase llena de esperanza"; como el lehendakari, y con idénticas palabras, también ETA asegura que "el marco institucional vigente en Euskal Herria está agotado"; como el lehendakari, también ETA se dirige a los vascos como exclusivos depositarios de soberanía. Los redactores del documento, vanguardia de la nueva construcción de Euskal Herria, anuncian su tregua a la vez que dan por liquidado "el autonomismo constitucional" antes defendido por los abertzales extraviados del PNV y proclaman la vigencia del único camino: la soberanía en la autodeterminación y la territorialidad.

Mientras el PNV afirma sin tapujos el agotamiento de una Constitución siempre combatida por ETA, ETA incorpora a su estrategia política el concepto de alto el fuego siempre solicitado por el PNV. Ésa ha debido de ser la materia de las negociaciones entre el PNV y HB, aceleradas desde el 17 de marzo, cuando el PP y el PSOE rechazaron el plan de paz de Ardanza, y culminadas con la Declaración de Lizarra, que afirma con lenguaje más melifluo lo que ETA dice por derecho y Ardanza propone con retórica castiza: es hora de sentarse a la mesa y "abrir el melón de la Constitución". Que ETA no haya creído necesario cumplir la primera etapa prevista en Lizarra y haya pasado directamente a la segunda indica que el acuerdo sobre el destino del melón es más sustancial de lo que nadie podía sospechar o que ETA tenía prisa en declarar su alto el fuego de manera unilateral.

¿Por qué las prisas? Es indudable que ETA atraviesa un momento difícil, con la pérdida de su aliado irlandés, el acoso del Gobierno francés, el desmantelamiento de sus redes de financiación por la policía española y la creciente irritación de una población cansada de tanto crimen; es cierto también que su brazo político no ha podido responder a la firme acción de la justicia con movilizaciones en la calle. Así las cosas, el PNV, en funciones de hermano mayor, acude solícito para ayudar a que los chicos de ETA dejen las armas sin perder la cara ante sus gentes y de una tacada modifica por completo la escena de la política vasca. La Declaración de Lizarra, seguida a los tres días por la de ETA, ha permitido al conjunto del nacionalismo vasco, arropado por el gallego y el catalán casualmente de gira por Bilbao, recuperar la iniciativa política con una promesa de paz a cambio de Constitución, sin que importe nada lo que digan los "de ahí abajo".

Era fundamental para esta estrategia que las dos bases del acuerdo entre nacionalistas -dejar de matar y proclamar el fin de la Constitución- se hicieran públicas simultáneamente y poco antes de las elecciones. Los nacionalistas inician la campaña insuflando esperanzas, mientras el PSOE y el PP se enzarzan en su peor trifulca a cuenta de la guerra sucia y sus secuelas. Así se demuestra que la paz y la soberanía es asunto que concierne exclusivamente a los vascos, que deberán pronunciarse sobre la cuestión dentro de unos días. Bloqueados los partidos de ámbito estatal, los nacionalistas, perplejos hace un año, pasan a la ofensiva y convierten una debilidad orgánica en un triunfo estratégico. Su nuevo ciclo comienza con una jugada maestra.

   

Publicado en EL PAIS el 20 de septiembre de 1998. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

“Perros y caballeros” por Eduardo Haro Tecglen

   

La Cruz Roja Internacional intentó un canje en la guerra civil: y el general Mola se indignó: "¿Cómo pueden ustedes esperar que vayamos a cambiar un caballero por un perro rojo? Si libertase a mis prisioneros, mi propio pueblo me consideraría un traidor". Aznar no necesita ya ser Mola; ni ETA es como nosotros, los perros: más bien como el pistolerismo falangista de entonces. Recuerdo a Mola por lo característico de las posiciones: la división que recuerda cuestiones de biotipos políticos de los que se hablaba hace mil años, más que las propias de la inteligencia que invocaba Juan Cruz en la SER el sábado: está acostumbrado a intelectuales y cree que todo el mundo puede acudir a la inteligencia.

Una parte española dice que ETA ha cedido a la fuerza, a la prisión de HB y el cierre de Egin: querrían seguir así. Otra, o la misma, que es una trampa: que se atrevan a rechazarla. Los mismos, que no se toque la Constitución: déjenla como está. Los caracteres contrarios suponemos que es el momento de negociar; que es un problema de relación de fuerzas; que el contencioso vasco tiene dos siglos, y su Estatuto ha pasado momentos de realización y otros de represión, y sería cuestión de negociarlo de nuevo; y que la Constitución está hecha para las personas, y no las personas para la Constitución.

Ah, soy absolutamente contrario a lo que resultará del final de esa negociación: la independencia, la creación de un nuevo Estado. Y su concatenación: la creación de otros Estados. No quisiera que pasara tal cosa: detesto la idea de Estado, y no me gusta verle multiplicarse.

Detesto el nacionalismo, de quien sea; o su gemelo el patriotismo, o su primo el racismo. Tengo tendencia igualitaria profunda, y me parece que de todo esto que va a pasar en los próximos años van a salir desigualdades. No es lo mismo ser ciudadano aforado que no serlo; no es lo mismo ser catalán que extremeño, como tantas veces se dice.

ETA y su voz humana pelea por una separación que ya no tiene sentido -España no es Franco: y con Franco no se movieron hasta el final-; y que la independencia es un cambio de dependencias; o llegan las mismas con otros nombres. Pero al punto al que la Constitución errónea llevó a las autonomías, al que nos llevó Aznar hasta hacer cómplices a los nacionalistas para su conquista del poder en la crispación que ha creado ETA, no hay más cera que la que arde. Que sea nunca más las de las capillas ardientes.

  

Publicado en EL PAIS el 20 de septiembre de 1998. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

“A vueltas con la tregua” por Alfonso Ussía

   

No me creo lo de la tregua. Algunos dicen que estamos en el principio del final, cuando en realidad nos hallamos en el final del principio. Extraordinaria propaganda para el PNV con vistas al mercado electoral. Por primera vez en muchos años ETA ha obedecido públicamente al gran estratega, al jefe supremo. Comparen los documentos anteriores de ETA con el último comunicado y apreciarán un brusco cambio de estilo, tanto en el fondo como en la forma. Lenguaje más culto, redacción más limpia, atisbos de renuncias al pasado en beneficio de acuerdos venideros. Nada que ver con los escritos previos. Comparen el estilo del comunicado con los artículos dominicales de Arzalluz en «Deia». La misma cadencia, semejante ritmo. Ahí está la escuela. Loyola, Klagenfurt, Deusto, «Sabin-Etxea». Lo que ha hecho ETA es firmar. «Firmad aquí, brutos»; «lo que tú ordenes, patrón».

Tregua unilateral. No entiendo la figura. Unilateral e indefinida. ¿Cómo va a ser bilateral si sólo un lado asesina, secuestra y extorsiona? Indefinida por lo que tiene de indefinición. La última tregua unilateral e indefinida terminó con el atentado al Hipercor de Barcelona. Extraño documento obispal. Carga sobre los políticos la responsabilidad. Al lado de los obispos uno no pasa de monaguillo, pero más que sobre los políticos y los partidos democráticos la responsabilidad habría que enconmendársela a los terroristas.

Las elecciones a un paso. Lo he escrito antes. EL PNV ha dado un gran golpe de efectividad y buena imagen. Arzalluz ha cogido en bragas al resto del personal. «Estáis en vuestro peor momento. Ofreced una tregua de la mano de los nacionalistas. Si ganamos las elecciones con holgura, vamos al objetivo común. Si no es así, rompéis la tregua, y adelante. Os lo repito, firmad aquí, chocholos, que sois unos chocholos»; «lo que ordenes, jefe».

La referencia es Irlanda. ¿Qué tiene que hacer Irlanda en este lío? Ya quisieran los irlandeses del Ulster el nivel de autonomía de los vascos. Además, ¿en qué se parecen Irlanda y España, el Ulster y el País Vasco? En nada, excepto en el terrorismo. Ni la Historia, ni la situación, ni el desenlace nos acercan a Irlanda. Pero les gusta la comparación. Les apasiona.

¿Independencia? ¿Quiénes la votan y la conceden? La Constitución no la admite. Si hay que reformar la Constitución, que lo haga el pueblo español con sus votos. ¿Qué harían los vascos con la mayoría de sus ciudadanos que sin renunciar a sus raíces no desean dejar de ser españoles? Y Europa. ¿Qué pasaría con Europa? Euskalerría forma parte de la Europa unida y de su administración como territorio del Reino de España. Lo de la Europa de los pueblos está muy bien como adorno y sueño. Europa, mientras no se demuestre lo contrario, es la de los Estados. ¿Lo han pensado los nacionalistas?

Pero retomemos el pulso de la dichosa tregua. La esperanza es libre y la credulidad. También la desconfianza y la absoluta falta de fe. Asistimos a una grandiosa representación del despropósito, a una ópera con final condicionado por unas elecciones. Si triunfan los partidos nacionalistas y pueden gobernar juntos clericales y criminales, los primeros dominarán a los segundos. Si la victoria es pírrica o se produce una derrota y el PP, PSE y UA mantienen o aumentan sus fuerzas, la tregua terminará.

Con más muertos, más secuestros, más extorsiones y más barbarie que nunca. Entonces la culpa recaerá sobre todos nosotros y seguirá el drama.

Pero lo cortés no quita lo valiente. ETA es un instrumento. El gran golpe lo ha dado el PNV desde la astucia de Javier Arzalluz.

   

Publicado en ABC el 20 de septiembre de 1998. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

“Oportunidad y riesgos ante la tregua” por José María Brunet

   

Las frustraciones precedentes y el sufrimiento acumulado, que ahora el comunicado de ETA declarando unilateralmente una tregua indefinida ha sido recibido con evidentes desconfianzas. Los recelos son muy evidentes entre los partidos estatales, mientras en el área nacionalista predomina, en cambio, un sentimiento difuso en el sentido de que las nuevas condiciones del diálogo político sobre el conflicto vasco pueden dar lugar a cambios históricos. Hay, pues, dos tipos de percepciones distintas ante la tregua. Pero, por encima de todo, la opinión pública quiere creer que se ha originado una situación nueva, en la que hay una oportunidad para la paz. La clase política se encuentra, pues, ante el mayor reto desde la transición política si se va confirmando que las expectativas creadas tienen base real y hay un cambio de negociación que quepa efectivamente recorrer.

El momento elegido, ante las elecciones vascas, da argumentos a quienes, ya a priori, descalificaban la utilidad de una tregua, considerándola una maniobra táctica. Pero cabe hacer notar que el Gobierno ha cambiado sensiblemente sus palabras en pocos días. Cuando a comienzos de la semana la tregua era una hipótesis y había que ver en qué términos se planteaba, las declaraciones del Ejecutivo fueron de rechazo. A la tregua, dijeron, le faltaría credibilidad. Aznar llegó a decir que rechazaba también la declaración de Estella y el frente nacionalista que la alumbró, considerando que hay quienes ahora dicen querer la paz, pero ni la han querido ni la desean ahora.

Las expectativas originadas en la sociedad española han cambiado esos mensajes por otros aparentemente más abiertos. No hay que engañarse: el camino está erizado de dificultades. Ni la Constitución ni los estatutos de autonomía son textos cerrados a cal y canto, pero un país no puede vivir cambiando su marco político cada veinte años. Si el compromiso de los partidos estatales es afrontar con imaginación y agilidad política la fase de consultas y negociaciones que ahora va a comenzar, la de los nacionalistas es no tensar la cuerda hasta hacer imposible el acuerdo. Está claro que la tregua indefinida supone un escalón del que ya no habría que volver a bajar. Pero también está claro que la responsabilidad alcanza a todos. El Gobierno tiene una función de liderazgo del proceso que, de momento, parece remiso a asumir. La declaración del presidente deja muchas puertas abiertas, pero no es más que una primera reacción, de la que sólo se desprende la suma prudencia del Gobierno y su deseo de no rechazar de plano las expectativas creadas. Aznar está ante la mayor prueba de toda su carrera política. El PSOE, en cambio, tiene el reto prioritario de desprenderse del peso de su pasado. Su situación de los últimos meses, la inexistencia de diálogo con el Gobierno y el PP, es sin duda otro de los factores que ha generado el clima actual, en el que son los nacionalistas los que parecen marcar la agenda política.

Ahora la vía de la negociación queda abierta. Pero estamos sólo al comienzo. Aznar ha dejado claro que reitera la vigencia del modelo constitucional vigente, mientras desde el PNV se replantea el derecho a la autodeterminación. El modelo constitucional significa asumir que la soberanía reside en el pueblo español, con lo que resulta difícil imaginar un referéndum sobre la independencia del País Vasco. El autogobierno y la autonomía financiera de Euskadi son ya muy altos. La titularidad del poder político no va a ser fácil de resolver. Pero se puede empezar el camino por otro lado, cambiando el Gobierno su política penitenciaria, y empezar a acercar a los presos de ETA al País Vasco. De hecho, el propio anuncio de ETA puede disipar la irritación que le originó al Gobierno la decisión de CiU de votar con el PNV sobre esta cuestión. El nacionalismo catalán también tiene su propio reto. Cataluña nunca tuvo tanta capacidad de autogobierno como ahora. Hay que tenerlo en cuenta frente a cualquier tentación de situarse en cola, tras el PNV. Desde Cataluña no hay que ayudar a tensar indefinidamente la cuerda, sino que el objetivo prioritario debe seguir siendo consolidar y mejorar el autogobierno conseguido.

   

Publicado en LA VANGUARDIA el 20 de septiembre de 1998. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

“Distensión entre el PP y el PSOE” por Pablo Sebastián

  

La primera consecuencia política de la tregua anunciada por ETA es la distensión obligada, y casi deseada por ambos, entre el PSOE y el Gobierno del PP. Cuando mas tensas estaban las relaciones de ambos partidos, tras el ingreso en prisión de los condenados del juicio de los GAL, Vera y Barrionuevo, llega la tregua de ETA.

Con esta excusa o argumento de mayor cuantía, desaparece la tensión. Y los políticos, oportunistas y realistas, visten  sus mejores galas de "estadistas" para  ponerse a la altura de la ocasión, de la Historia y de las circunstancias electorales que todo ello conlleva y que están a la vuelta de la esquina en el País Vasco.

Ocurrió algo parecido con la Guerra del Golfo, con los grandes atentados de ETA o las decisiones internacionales como la adhesión a la CEE. En estos casos los jefes de la tensión y el enfrentamiento político saben que  la sociedad no admite discusiones inútiles y partidarias y exige a todos sus dirigentes una posición firme y clara.

Unas actitudes que suelen beneficiar al Gobierno que es, en estos casos, quien tiene el protagonismo y la responsabilidad de llevar a buen término la oportunidad o las decisiones difíciles o arriesgadas, que hay que tomar. De ahí que Almunia (que ve reforzado por esta misma situación su cargo de secretario general del PSOE,  frente al candidato Borrell o a González)  le pida a Aznar que se ponga al frente de la iniciativa  política.

De ahí, también, que Aznar anunciara con urgencia su firme decisión de asumir su responsabilidad explorando, desde la prudencia, las posibilidades reales que la tregua de ETA ofrece para la paz.

Atrás quedan las tensiones con el Poder Judicial, las algaradas de Guadalajara y de Valdemoro, las luchas por el control y la renovación del Tribunal Constitucional y de los grandes medios de comunicación. Aunque, al fondo de todo el problema vasco y aquí incluido el problema de los presos de ETA, aparezca también en el horizonte el problema pendiente de las condenas del GAL y de los juicios que se aproximan, como el muy importante de los fondos reservados.

Un juicio, este, que tiene menos carga criminal, pero mayor efecto social porque se sabe (y en el sumario está) que muchos miles de millones de los fondos, previstos para la lucha contra ETA, fueron usados para el enriquecimiento personal de los altos cargos del ministerio del Interior (y de otros departamentos e instituciones) en los pasados gobiernos de González.

La tregua de ETA dio su primer fruto en otra tregua de la batalla política entre el PSOE y el PP. Y les ha recordado a los dos grandes partidos estatales que van a remolque de la iniciativa de los partidos nacionalistas (CiU y PNV, de manera muy especial) que, de momento, han sabido unir las expectativas de paz a su propias reivindicaciones nacionalistas y a su plan de reforma de la Constitución en pos de lo que ellos llaman el "hecho diferencial".

Sin embargo, en el reverso de la gran cortina de humo o del río revuelto que envuelve la tregua, los pescadores del poder pueden aprovechar el desconcierto político e informativo para, de espaldas a la opinión pública y al Parlamento, llegar a cualquier tipo de apaños que no estén en línea ni con sus programas y promesas electorales, ni con el interés democrático y general de la sociedad. Habrá que estar atentos a una y otra orilla de este río revuelto para evitar juegos malabares tras la enorme cortina de humo que impide ver en su conjunto el momento actual.

  

Publicado en estrelladigital.es el 20 de septiembre de 1998. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Más Opiniones

Por Narrador - 14 de Junio, 2006, 5:38, Categoría: Opiniones (Comentaristas)

La Tregua” por José María Carrascal

   

Antes de entrar a analizar la tregua anunciada por ETA, que sin duda habrá que hacer con tanta profundidad como amplitud, es preciso dejar claro su procedencia. Se ha hecho: primero, sin el acercamiento de los presos de ETA al País Vasco; segundo, con la mesa «nacional» de HB en la cárcel; y tercero, con el diario «Egin» cerrado.

O sea, que no llega por concesiones del Gobierno, sino por su firmeza. Si el Gobierno hubiera cedido, como pedían tantos, posiblemente lo máximo que hubiéramos conseguido hubiese sido una tregua todavía más precaria y el crecimiento de los terroristas, que saldrían con mayores exigencias. Esto no lo reconocerán nunca los nacionalistas vascos, pero ahí están los hechos, innegables, que los demás tampoco olvidaremos.

Sobre esta base, cabe ya preguntarse qué hay detrás de la oferta de ETA. ¿Debilidad? ¿Búsqueda de votos para EH ante las próximas elecciones? ¿Un respiro mientras reconstruye sus golpeados cuadros? ¿Adaptación a los nuevos tiempos que surgen tras el encauzamiento del conflicto irlandés? Pues posiblemente todas esas cosas juntas, que tienen un denominador común: el deseo de la paz entre una población harta de violencia. Hasta ahora, ETA apostaba sólo a matar, a amedrentar, y pobre del que dentro o fuera de sus filas sugiriese hacer la más mínima concesión. Se la jugaba. Hoy es ella misma la que adopta esa postura. Posiblemente sea ponerse la piel de oveja sobre su piel de lobo, pero lo importante es que se le haya obligado a ponérsela. Que haya tenido que dejar de matar, siquiera por un tiempo, que no haya conseguido hacer doblar la rodilla al Gobierno, que, en fin, no se haya salido con la suya, pese a sus crímenes y a las melífluas voces de sirena que desde los estamentos más distintos, incluidos los eclesiásticos, se nos venía incitando a ceder. La paz con los violentos no se logra desde la debilidad. La debilidad sólo aumenta su apetito. Es una lección que los demócratas aprendieron en Munich frente a Hitler, pero que aquí muchos no han aprendido todavía. La paz frente a los violentos se logra desde la firmeza, desde el absoluto respeto a la Ley.

Sentado esto, conviene advertir del segundo peligro de esta «tregua-trampa», como la llama el ministro de Interior. Tan erróneo sería creer que ETA ha cambiado de la noche a la mañana como contentarse con el desenmascaramiento de sus motivos e intenciones. ETA ha movido ficha y es necesario reaccionar a su jugada. Quedarse inmóvil le daría la ventaja propagandística que busca. No hay que olvidar que en Euskadi hay bastantes dispuestos a creer en ETA casi tanto como Hillary Clinton cree en la fidelidad de su marido. No importan las veces que les hayan engañado, siempre están dispuestos a creerla otra vez. Es por lo que, sin bajar ni un milímetro la guardia, hay que coger a ETA por la palabra: si realmente está dispuesta a abandonar la violencia, que sea definitivamente. Si la abandona definitivamente, habrá medidas de gracia y plenas garantías de que podrá buscar democráticamente sus objetivos, incluida la independencia de Euskadi, siempre dentro del marco legal. No hay duda de que se abre una oportunidad. No sabemos si pequeña o grande, verdadera o falsa. Pero no puede desaprovecharse. Y la mayor ironía sería que después de haber resistido sus presiones criminales, fuéramos a perder ante su suavidad, auténtica o forzada.

En cualquier caso, que ETA deje de matar, aunque sea sólo por unos días, es una buena noticia para todos, empezando por los más amenazados, los concejales del PP en el País Vasco. Eso sí, hay que estar también preparados para que, en cualquier momento, esa máquina de asesinar en que se ha convertido se ponga de nuevo en marcha. Pero de momento, se la ha forzado a detenerse. Y el mérito es de ese hombre tranquilo y tenaz, Jaime Mayor Oreja, que ha sabido resistir las bombas y los cantos de sirena para mantener su rumbo y llegar a buen puerto. Ese sí que es un vasco que está defendiendo la paz y los intereses de su pueblo.

   

Publicado en ABC el 18 de septiembre de 1998. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

“Pensar” por Federico Jiménez Losantos

   

Pensar se ha convertido en algo muy mal visto en las últimas horas. Parece que el que intenta poner un poco de orden en las sensaciones, las noticias, los entusiasmos y el estrépito es un malvado aguafiestas o algo mucho peor. Aceptémoslo. Pero no renunciemos a lo único que frente al poder nos queda a los ciudadanos. Más vale pasar por malo que aceptar la condición de tonto.

Y si se piensa un poco en medio de la batahola mediática, ¿qué vemos? Pues a unos partidos que no quieren ni la existencia de España, ni su legalidad, ni tampoco su democracia y que, a pesar de que se llaman democráticos, se han unido a los criminales en un frente de tipo electoral al margen de los dos grandes partidos españoles, el PSOE y el PP, que tienen además el apoyo de la mitad de la población vasca. Estamos pues, antes de la tregua, alto el fuego o como quiera llamarse, ante un paso político que sólo puede producir un cierto repelús ético y moral. Porque cuando la condición nacionalista es más importante que el respeto a la vida humana y a la pluralidad política, el repelús se impone.

El alto el fuego llega tras esa ruptura del frente democrático por los nacionalistas y viene presentado como un mérito extraordinario que no sabemos en qué consiste, porque para dejar de asesinar lo único que hay que hacer es precisamente eso: dejar de asesinar. Que los que podían ser asesinados se alegren es natural. Que se entienda ese alivio como prueba de la virtud de los terroristas y de sus aliados nacionalistas resulta un sarcasmo verdaderamente irritante. Las víctimas deben dar las gracias de que no los maten. ¿A quiénes? A quienes no los matan. Pues si ésas son las bases para construir una sociedad vasca plural, libre y democrática, extrañas bases parecen. Extrañísimas.

El comunicado etarra habla de que se ha conseguido una nueva correlación de fuerzas gracias al fracaso de la vía autonómica, esto es, de la vía legal de hacer política en el País Vasco. Si ese fracaso es cierto, si no se limita a la persistencia del terrorismo, sino a la voluntad de los partidos nacionalistas de abandonar la legalidad, habrá que reconocer que quienes dudan de este gesto de ETA, por añadidura en campaña electoral, tienen razones para ello. No se entierran las pistolas pero se anuncia el funeral de la legalidad. Y, además, no es posible dejar de pensar en Argel. Mala cosa, pensar.

     

Publicado en EL MUNDO el 18 de septiembre de 1998. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

“Gracias, muy amables” por Martín Prieto

   

En esta historia de la primera tregua indefinida de ETA tiene que haber algunas cosas que no se han explicado. Xabier Arzalluz empezó asegurando que en el tablero etarra se estaban moviendo algunas fichas; y Joaquín Almunia, en solitario, con un par de narices, y sin explicar a nadie a cuento de qué venía la petición, incita a la banda a la suspensión de la lucha armada. ¡Qué casualidades! La experiencia induce a no confiar en ellas. Todavía no sabemos lo que es esto, pero sí está claro que algunos han cogido con el paso cambiado al presidente José María Aznar (el pobre en el Perú), y al candidato José Borrell, que cada día lo es más.

Ya saben lo que dicen del Brasil: que es el país del futuro y que siempre lo será. Confiemos los esperanzados en que Cristina Narbona le oriente mejor y le proteja de los muchos enemigos que tiene en su propio partido. Un factor táctico clásico y mil veces puesto en práctica con éxito es fijar a tropas adversarias más numerosas con un mínimo de efectivos. ETA, una vez más, tiene a España sujeta por los mismísimos mediante una declaración profusa, confusa y difusa de cuatro folios ante la que, es obvio, cualquier nacido de mujer ha de alegrarse, porque en ella nos perdonan la vida. Muchas gracias, muy amables, quedaremos eternamente reconocidos porque dejen de asesinar a las personas. Se lo vamos a agradecer casi tanto como a Barrionuevo, a Vera y al resto de la Santa Compaña, que dejaron de matar etarras por encargo del señor X. Dos barbarismos no equitativos pero filosóficamente iguales.

La independencia del País Vasco, en estos finales del siglo es cuestión artificial en la Historia de España, hija expósita de la Guerra Civil, que no se la creerían todos los marinos vascos que nos llevaron a América. Dudo que Lope de Aguirre en su locura de los marañones entrando en la Amazonia, entendiera la necesidad de hacer de Euskadi un Estado. Pero así sea si a todos nos conviene. Si España ha de ser desmembrada, que todos los partidos democráticos, nacionalistas o españolazos acuerden que nunca volvamos a matarnos entre nosotros.

Todo esto suena a un disparate en el que nos ha metido la tregua de ETA, pero que nos deja una interrogante: ¿Alguien de ese Gulag del movimiento de liberación vasco, de diseño, estará intentando casar una neurona con otra dándose cuenta de que, a lo peor, nacionalistas y españolistas, pueden empatar en octubre, y que las bestialidades convienen mucho a la literatura, pero que a nada conducen en una sociedad democrática que vota libremente? Abraham Lincoln fue hombre de paz, pero asumió una guerra atroz, la de Secesión, negando a los Estados del Sur su autodeterminación. En este país tan raro necesitamos a alguien con el coraje moral del gran presidente estadounidense que diga que España hace algunos siglos que está hecha. Además ni en el PNV se enteran: la Europa de Maastricht ni es de pueblos ni de regiones, sino de estados. Es centrífuga y no centrípeta.

    

Publicado en EL MUNDO el 18 de septiembre de 1998. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

“Una oportunidad para que la tregua dé paso a la política” por German Yanke

  

Como ante la tregua hay esperanza (y me refiero más a una sensación general de la opinión pública que a los análisis de los gabinetes políticos), todos querrán colocarse la medalla, aunque lo hagan más o menos veladamente. Y todos tendrán algo de razón, porque los acontecimientos importantes, e incluso las oportunidades que a una sociedad se le abren en determinados momentos, no dependen nunca de una línea causal unívoca y simple, sino de la mezcla y concatenación, y también de los efectos de la oposición, de variados motivos y empresas.

El acontecimiento, y la oportunidad, de hoy, porque hoy comienza «el alto el fuego general» que ETA anunció en su comunicado del miércoles, no tienen su fundamento inmediato en un cambio de los objetivos de la organización terrorista. En el largo comunicado se explicitan con inmoderada contundencia, y hasta con el tono mesiánico de quienes creen que su voluntad última no sólo debería ser la de la mayoría -porque siempre hay que dejar un resto de adversarios para la retórica dialéctica-, sino que, de hecho, será así cuando los velos de la ignorancia o de la maldad de los enemigos sean abatidos: su proyecto, inmutable por el momento, es, naturalmente desde su peculiar punto de vista, el del Pueblo Vasco.

Ser cruel no significa carecer de inteligencia, ni ser mesiánico implica no tener estrategia y esperar simplemente la llegada de una suerte de elemento benefactor que coloque las cosas y las personas en el lugar que se desea. En ese escenario se precisa un agente que, hasta ahora, ha sido la violencia terrorista, con la que se ha pretendido doblegar las voluntades contrarias, que son mayoritarias, y conseguir objetivos mediante la exigida negociación. Como tampoco es inexistente la inteligencia, el cambio de estrategia, dejando a un lado las acciones armadas de modo «total» y por tiempo «indefinido», no evidencia que los dirigentes de ETA hayan advertido que este camino, aún provisional, sea más eficaz para conseguir sus metas -como a menudo se les aconseja con paradójica ingenuidad-, sino más bien que han reparado en el agotamiento táctico de una vía ocupada totalmente, o al menos dominada sin fisuras, por la violencia. Es decir, estoy seguro de que la causa de la tregua no es la convicción moral de que el terrorismo es éticamente inaceptable, sino la constatación de que resulta, hoy y ahora, inconveniente, más perjudicial que beneficioso, para que las cosas (el estado de opinión, la actitud del Gobierno y de los partidos políticos, sus propios apoyos sociales, etcétera) se muevan en la dirección que ETA desea.

Colocar la tregua en esas coordenadas no es, ni mucho menos, devaluar su importancia o limitar el territorio de oportunidades que abre. Para analizar éstas habrá que remontarse un poco en el tiempo y repasar, aunque sea a vuelapluma, algunos de los factores que han podido sustentar ese cambio estratégico. En primer lugar, desde hace ya bastantes años han ido surgiendo voces críticas en el seno del entorno más o menos próximo de ETA acerca de la violencia. Han sido pocas las deserciones de consideración pública y la mayor parte de las críticas ha estado matizada temerosamente, bien porque sólo se aludía a la preponderancia de la lucha armada en el seno de un movimiento que tenía que ser más amplio, bien porque se moderaban las expresiones de rechazo por una particular solidaridad en el mundo abertzale o por la maldad intrínseca del adversario. Lo interesante de esa evolución es que, al intentar abrir el abanico de sus acciones y de su influencia, sus valedores precisaron la relación y el intercambio con otros sectores nacionalistas. El riesgo de aceptar como interlocutores o socios a representantes de HB o de otros organismos bajo su influencia ha sido, y sigue siendo, la tentación de proporcionarles un «incentivo político», según la desafortunada expresión del documento del lehendakari Ardanza sobre la pacificación, que, para moderarles, fuera más allá de las reglas de juego de la democracia. No siempre se ha evitado, y habrá de consignarse en el debe de esta última etapa, pero, de hecho, hay que confirmar que el sindicato nacionalista ELA, Elkarri y, en una última fase, varios partidos políticos han generado una dinámica que ha coadyuvado a la tregua de hoy: si se desea, por las razones que fuere, incluso por inicial ardid, esa compañía, debe evitarse aquello que la espante o la retraiga. Algunos de los últimos asesinatos de ETA demostraron que la violencia quebraba esa estrategia, dificultaba conquistas concretas (como la supremacía nacionalista en el mundo sindical) y generaba malestar en cada vez más amplios sectores.

Un error descomunal de quienes seguían pensando que la violencia era el motor y la vanguardia de los logros radicales, además de una atrocidad moral, fue el secuestro y el asesinato de Miguel Angel Blanco. Al impacto social de las imágenes patéticas de Ortega Lara al ser liberado por la Guardia Civil, se unió el drama vivido en directo por millones de ciudadanos, y de manera muy especial por los vascos, durante el mes de julio del pasado año. El clima político y la desazón social dieron muchas vueltas en los meses siguientes pero quedaba un poso de reforzado rechazo al terrorismo, de un espanto que caló también en militantes (y militantes cualificados) de HB, y formalizó la convicción de que sólo la democracia era el camino válido para defender planteamientos políticos e ideológicos. El terrorismo debía contar desde entonces con el rearme moral de la sociedad.

Cuentan que el ex primer ministro irlandés Reynolds, durante una visita al País Vasco, comentaba que, a diferencia de la lenta evolución del IRA, tenía la impresión de que en ETA, y también en HB, los cambios en la dirección eran constantes y siempre hacia un mayor radicalismo. Sin que la transformación haya sido total, la última Mesa Nacional de HB rompe esa desgraciada tradición ya que, desde el principio, aunque sin condenar en ningún caso la violencia de ETA, trató de ampliar el campo de acción política y buscar una cierta autonomía. No puedo saber si este proceso se hubiera dado sin el encarcelamiento de los anteriores dirigentes de HB ya que alguna reflexión sobre la inoperancia de la «socialización del sufrimiento» y el efecto bumerán de algunas actitudes ya se daba en su seno. De todos modos, no se debe tampoco eliminar del conjunto de causas el éxito importante de recientes acciones de las Fuerzas de Seguridad del Estado y el cerco policial que hayan supuesto otras medidas, por mucho que algunas me parezcan, si he de ser sincero, más que dudosas.

Podría ampliarse el catálogo, aunque creo que he reseñado los elementos más importantes. Todos ellos han debido tener su peso a la hora de valorar que el terrorismo se convertía en un callejón sin salida y había que dar paso, siquiera provisionalmente, a otras estrategias. La nueva situación, que el recuerdo de las víctimas presenta como tardía y sobre todo insuficiente, tiene, a mi modo de ver, una virtualidad y un peligro. Porque haya tregua los militantes de ETA, que quieren seguir siendo garantes armados de que sus objetivos se van alcanzando, no se convierten en honrados ciudadanos, pero la virtualidad de la nueva situación es lograr, mediante la acción política, que una hipotética vuelta a las armas se perciba en la propia HB como un retroceso, como la quiebra definitiva de un proyecto al que no hay que darle incentivo alguno, sino el marco adecuado de la democracia.

El peligro, por otra parte, es que cada uno de los que ha tenido algún papel en ese complejo conjunto de causas que ha traído consigo la tregua, piense que su participación ha sido la única o la fundamental y actúen en consecuencia. Es decir, que HB piense que ya ha hecho todo lo que tenía que hacer, que los nacionalistas crean que sus vínculos con los grupos más radicales, y con ellos la implantación de más nacionalismo, son el único camino para convertir el alto el fuego en definitivo, que los no nacionalistas se cierren a las exploraciones (o al «experimento», como los primeros federalistas norteamericanos llamaban a su propia Constitución), que el Gobierno crea que basta exclusivamente con el exitoso cerco policial. Exhibir pomposamente las medallas sería desaprovechar la oportunidad, precisamente porque sería abandonar la política.

Germán Yanke es subdirector de EL MUNDO.

   

Publicado en EL MUNDO el 18 de septiembre de 1998. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

“La tregua: Aznar mueve la ficha” por Pablo Sebastián

   

El presidente del Gobierno, José María Aznar, ha reaccionado con diligencia y de manera prudente, pero positiva, al anuncio de la tregua indefinida lanzado por ETA.  Cambiando, en 24 horas, el tono de las primeras reacciones de su Gobierno, marcadas por el escepticismo y la plena desconfianza (Mayor Oreja calificó ayer la oferta de "trampa" y "espejismo"), por una posición mas permeable y moderada. Afirmando que "El gobierno contemplará las posiblidades que puedan abrirse en una situación  fiable del cese de la violencia". Y añadiendo que "no es insensible a las expectativas que la sociedad alimenta en este momento".

Aznar, asumiendo el protagonismo que esta histórica decisión le ofrece, dijo que como presidente del Gobierno seguirá "a la cabeza de ese anhelo compartido" de la paz. Recordando, en su declaración, que cualquier iniciativa política en este terreno debe ser contemplada desde el marco democrático en el que mueven la mayoría de las fuerzas políticas. Y reafirmando que el estatuto vasco y la Constitución siguen siendo "plenamente vigentes".

La posición, prudente pero abierta, de Aznar prueba que el gobierno se está tomando en serio esta situación que ha calado en el conjunto de la sociedad y que podría abrir posiblidades de paz a largo o medio plazo. Acuerdos de importancia crucial para la búsqueda de una solución al problema del terrorismo. Y, junto a ella, alguna fórmula que permita la definitiva articulación en el Estado de las llamadas nacionalidades históricas.

Aunque, de momento, estamos ante los primeros pasos de los que habló ayer el líder del PNV, Xavier Arzallus, que se van a centrar en la confirmación de la tregua por parte de ETA y en  los efectos inmediatos que estos acontecimientos tendrán en las elecciones vascas del próximo 25 de octubre. Difícil y extraño equilibrio el de explorar las posibilidades de paz, sin perder la personalidad política de cada uno en las elecciones que vienen, que pondrá a prueba la habilidad del PP y del PSOE, ante un frente nacionalista que tiene muy claro su mensaje.

En todo caso Aznar (como le gusta decir a él aunque no lo práctica mucho) "movió ficha" y respondió con cierta cautela a la tentadora oferta de ETA. Y lo ha hecho asumiendo, a la vez, el protagonismo que le corresponde, a sabiendas que tiene entre manos una muy difícil pero histórica oportunidad. La que podía consolidar, si triunfa en el intento, su liderazgo político.

A sabiendas de los graves riesgos que estos "primeros pasos" conllevan cuando se trata de avanzar en unas decisiones y negociaciones en las que hoy parece muy difícil, o casi imposible, aventurar un claro desenlace sin que el estruendo de bombas o el sonido de los disparos se vuelva a escuchar. Decíamos ayer que audacia y prudencia son los ingredientes idóneos para abordar la nueva situación creada por este horizonte de paz que hoy parece que va a comenzar.

   

Publicado en estrelladigital.es el 18 de septiembre de 1998. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.